Tuesday, December 19, 2006

Religión Cancerosa

Los ataques terroristas de hace algunos años a Washington, DC, y Nueva York llevaron a reflexionar en cómo la religión orillaría a otras personas a cometer esos actos horribles. Tal comportamiento nos llevaría a rechazar todo interés por la vida ultraterrena y a vivir una simple existencia secular; sin embargo, no hay una solución para el dilema humano que se plantea aquí, pues a fin de cuentas todos queremos saber qué hay detrás de nuestro limitado horizonte. En primer lugar, aunque los términos religión espiritualidad se cambien indistintamente, la religión de los terroristas es de una especie peculiar y comun: es una religión que no se subordina a la espiritualidad. Religión y espiritualidad denotan dos fenómenos distintos. Para sostener el interés en el más allá debemos preguntarnos qué es la religión y en qué difiere de la espiritualidad.
La religión es un sistema de creencias teológicas y un código de conducta. La espiritualidad es la experiencia del amor, la compasión y la unidad. En contraste con la religión, que es mental (pero no suele ser intelectual), la espiritualidad se da en el ámbito del sentimiento y sólo se experimenta en la medida en que se trasciendan las funciones mentales. Por su propio derecho, la religión alcanza dos objetivos: ofrecer una forma de vida en la que pueda florecer la espiritualidad y servir como “el dedo que apunta a lo más alto”. En el segundo caso, al ofrecer al que se introduce en la metafísica una manera abstracta aunque efímera de percibir a Dios, lo encamina a la experiencia de la divinidad.
Es una antigua historia el hecho de que 90% de la religión se haya convertido en un fin en sí mismo. La religión de los secuestradores es cancerosa en el sentido de que no se subordina a la espiritualidad, tal como el tejido canceroso de un órgano no se subordina a las necesidades superiores de todo el organismo. Así como el tejido maligno acaba por dominar un organismo, lo mismo sucede al adherirse a una doctrina religiosa o, para el caso, a un credo secular que domina el alma y resguarda al creyente de incertidumbres.
La religión que se subordina a la espiritualidad se aprecia en prácticas como el sabbath, cuando se observa como anulación de las inquietudes materiales para que la mente se centre en lo espiritual, y en los códigos morales en virtud de los cuales se abriga el sentimiento de estar en equilibrio con respecto a las necesidades sociales y, por ende, de ser más receptivo a las vibraciones espirituales.
La religión cancerosa se manifiesta en obligar a otras personas a observar el sabbath y otras prácticas religiosas, en desproporción con las preocupaciones por los peligros que se plantean al bienestar de la sociedad. La motivan el miedo y la inseguridad, y sus resultados pueden ser aún más nocivos para la sociedad. Un ejemplo se da en el decreto de los talibanes de que ninguna mujer trabaje fuera de su casa, con lo cual miles de viudas de guerra mueren de hambre. En contraste, desde cualquier punto de vista se consideraría que la prohibición y el castigo del robo, violación y asesinato están justificados y no se basan en una religión maligna.
¿Qué dinámicas inconscientes impulsan la religión en cuanto se convierte en un fin en sí misma? Buena parte de la índole jerárquica explotadora, fría y desinteresada de la sociedad no es sino la proyección al exterior del “ego”, de la estructura de un carácter neurótico. Es la estructura egocéntrica ensimismada del “alma aprisionada”. Si la religión no está al servicio de la espiritualidad de la gente, ¿a qué otro aspecto de la conciencia humana sirve? Me parece que lo vemos en los resultados de muerte y destrucción.
Una de las maneras más seguras de saber si una motivación se basa en la versión maligna de la religión tiene que ver con la medida en que se enfoca en las creencias. Como tema fundamental de las religiones occidentales, las creencias se basan en la ignorancia y la seguridad. Uno no sabe en qué cree ni cree en lo que sabe. La razón de que uno quiera creerlo es no sentirse inseguro. Si uno supiera, no necesitaría creer. Si uno cree es sin duda porque no sabe y no importa cuánto se esconda de la inseguridad en las creencias, siempre está al acecho. Sabemos que una religión está llena de ignorancia espiritual y en qué grado es peligrosa para los demás, por cuánto fervor concentra en las creencias. En cambio, la espiritualidad muestra cómo enfrentar la incertidumbre mediante la experiencia directa del vacío que lleva en el interior. Es mejor enfrentar la incertidumbre que obligar a los demás a vivir de manera tal que se refuerce nuestra precaria seguridad.
Uno de los mayores ejemplos de religión como fin en sí misma aparece cuando exalta las creencias antes que los valores que pretende sostener. En mi infancia católica me decían que una buena persona que fuera atea, tenía un rango inferior que un cretino que fuera creyente. El ateo nunca iría al cielo por su descreimiento, mientras que el cretino fiel se introduciría en el cielo si se arrepentía de todos los pecados mortales que hubiera cometido.
Desde luego, en Occidente las incursiones del racionalismo socavaron el absolutismo del cristianismo como resultado del Renacimiento y la Ilustración. Por desgracia el Islam nunca pasó por estos sucesos históricos atemperantes; por eso, vemos que las creencias desembocaron en las mutilaciones de Nueva York y Washington, DC. Sin embargo, cuando Occidente busca en el mundo islámico aliados en la guerra contra los violentos extremistas musulmanes, se enfoca en las élites más educadas. La racionalidad que han alcanzado estas personas gracias a su educación secular les confiere un carácter menos absolutista. Pero siempre ha habido otro reducto de relativismo tolerante en el mundo islámico basado en la espiritualidad: la secta mística sufí, que es otra fuente de posibles aliados.
Para la opinión pública, tenemos dos opciones: los fundamentalistas religiosos absolutos, que están más que listos para sacrificarnos a sus creencias y los racionalistas que, como relativistas, son tolerantes. Pero la persona espiritual o mística también es tolerante y relativista, y a un nivel más profundo. El místico posee la experiencia de un universo en el que sólo la totalidad es absoluta. Todo lo que forme parte de la totalidad es relativo a otra cosa. Por ejemplo, el calor es relativo al frío y el bien es relativo al mal. Las creencias de una religión maligna pone a sus adeptos en la lucha perpetua entre dos principios opuestos para hacer absoluto a uno. Por ejemplo, si Dios, separado de Su creación, es absolutamente bueno, entonces es necesario que haya un mal absoluto, lo que de inmediato los hace a ambos relativos el uno del otro. Pero el cristiano común piensa que Dios es absolutamente bueno a pesar de lo anterior. La percepción espiritual de que Dios abarca todos los opuestos de modo que se sitúa más allá del bien y del mal resuelve esta causa inacabable de conflictos.
En diversos fenómenos se percibe el hecho de que el racionalista y el espiritual son aliados naturales. El racionalismo ha encontrado, por mediación de las ciencias, formas cada vez más complejas en que aun la brisna más minúscula de materia animada o inanimada armoniza con todo lo demás, lo que apunta a la existencia de una inteligencia detrás de los fenómenos. La teoría de la relatividad, que es de hecho una declaración panteísta, afirma que todo es energía. El propio Einstein no era religioso en el sentido convencional, pero manifestaba su impresión de que su investigación científica incansable le revelaba más y más de la naturaleza de Dios. El investigador intelectual busca tanto la verdad como el místico. Quien profesa una religión maligna está “seguro” de que encontró la verdad y no necesita seguir buscando. Si es un ministro presbiteriano que enuncia alguna doctrina cristiana en la sobremesa, es probable que no pase de matarnos del aburrimiento con su “certidumbre”. Si es un militante talibán, en efecto puede matarnos antes que tolerar ninguna inseguridad.
Estas personas de religiosidad maligna son inmunes a la percepción de que uno tiene que vaciarse para que Dios entre en uno. Vaciarse de materialismo, vaciarse de concepciones religiosas, vaciarse. Paradójicamente, uno de los mayores obstáculos para experimentar a Dios es creer en Dios, por necesaria que haya sido al principio esta creencia para estimular en alguien la búsqueda divina.
These malignantly religious people are immune to the perception that you have to be empty and only then will God come in. Empty of materialism, empty of religious concepts, empty. Paradoxically, one of the biggest obstacles to an experience of God is a belief in God, as necessary as such a belief might have been in the beginning to motivate someone to seek God.
Como la persona espiritual busca la verdad, no suprime los conocimientos externos, cualquiera que sea su religión. Por ejemplo, el excesivo crecimiento demográfico y sus secuelas de pobreza, conflictos étnicos y crisis ecológicas, la necesidad de fuentes alternativas de energía para aminorar el efecto invernadero, etc., son realidades que la persona espiritual asimila y actúa en consecuencia. Si tener familias grandes altera el equilibro de la naturaleza y fomenta la pobreza y los trastornos, puede practicar el control de la natalidad. Si el auto híbrido contamina menos, tratará de comprar uno, etc. En cambio, si la persona de religiosidad cancerosa dedica todo su tiempo a leer la Biblia, el Corán o la Torá y considera que toda la verdad está en su contenido, muchas veces contribuye enormemente a los problemas del mundo. En efecto, se desprende de los estudios que las familias fundamentalistas tienen más hijos que otras familias e ignoran tantas dificultades sociales y ecológicas.
Como la introspección no está en la mentalidad del fundamentalista, el terrorista con móviles religiosos nos dirá que está dispuesto a morir porque es un desinteresado siervo de Dios o de los desposeídos. En una exposición de sus motivaciones se verá que el terrorista espera ganar algo para él, ya un lugar especial en el paraíso, ya la admiración de sus contemporáneos.
Es hora de que la religión cancerosa sea bajada de su pedestal y de exponer los motivos de los fanáticos religiosos. Trátese de terror o de problemas sociopolíticos, sólo serán de ayuda la razón y la verdadera espiritualidad, con la religión como asociada menor.